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VIVIR LA INCERTIDUMBRE… Y NO MORIR EN EL INTENTO

VIVIR LA INCERTIDUMBRE… Y NO MORIR EN EL INTENTO

Divido este artículo en tres sentencias y unas preguntas para hacerse hacia dentro. 

1. NADIE SABE. 

Hoy nos ocupa y ponemos el foco en una palabra que está presente a nivel mundial: la incertidumbre. El virus ocupa la gran parte de los telediarios y la incertidumbre la mayor parte de nuestros pensamientos. Es un momento histórico muy especial porque realmente, NADIE SABE. Y este es el punto de partida al que quiero llevaros en este artículo. NADIE SABE. Qué nos pasa cuando nadie sabe. 

Me detengo aquí para empezar porque es la gran novedad que estamos viviendo. En otras ocasiones, en experiencias más infantiles, puedo recordar todo lo que no se, pero hay un padre, una madre, un hermano/a mayor, un profesor/a, que mañana puede resolver mi duda. En tiempos adolescentes, nuestros padres “no saben” pero nos agarramos a otros modelos de referencia que nos dan la seguridad que en un momento podemos necesitar para empoderarnos. A partir de esa edad, yo no se, pero Google, internet, puede resolver mis dudas, al menos tiene una respuesta que darme y, aunque no siempre lo que aparece en internet es la verdad, me tranquiliza tener respuestas a las preguntas que me puedo plantear. Siempre hay alguien que sabe lo que yo no se y puede responder a mis inquietudes. 

Esta vez, no. NADIE SABE. 

Me viene a la memoria el momento en el que esperaba la biopsia de la mancha en la piel. El tiempo de incertidumbre y de espera hasta el diagnóstico que luego se confirmó que era un cáncer. Ese tiempo de no saber y, por tanto, no poder manejar datos de realidad porque no están todavía encima de la mesa para aclarar la incertidumbre. 

NADIE SABE Y ESPERAR A QUE LA INCERTIDUMBRE SE RESUELVA PARA MOVILIZARSE, ENFERMA. “Y si…” ; “Sí, pero…”, “entonces espero hasta que se pase”, enferma a la persona, a la familia, a la sociedad y al país. Esperar a tener certezas para actuar es no haberse enterado todavía que vivir no es asunto de certezas sino de confianzas. 

2. LA DUDA ALIMENTA AL MIEDO Y AL REVÉS. 

La incertidumbre en el mundo del pensamiento, conecta con el MIEDO a nivel emocional. Qué tal me llevo con el miedo, con mi miedo y con el miedo de los demás. Las noticias, los whatsapps, alimentan el miedo, y el miedo selecciona la información, manipula, hace percibir la parte de la realidad que le justifica. Cuánto poder tiene el miedo. No dudo de que el virus enferma, lo que también constato cada día es que el miedo mal gestionado, también. Unos pueden enfermar por el coronavirus, ahí están las estadísticas. Otros, más, están enfermando de miedo y sus derivados: ansiedad, angustia, pánico… De virus, no se; de miedos sí. No quiero que nadie renuncie a su proyecto de vida por un miedo insano, que no es lo mismo que invitar a ser temerarios. El miedo no es ni más ni menos que un sentimiento incómodo, pero no debe impedirnos hacer lo que queremos. El gran enemigo de la libertad es el miedo. El gran enemigo de nuestra libertad, es nuestro miedo. 

3. EL MIEDO SE DOMESTICA. 

Hemos aprendido a tener miedo a nuestro propio miedo. Nos hemos vueltos ansiosos en relación a nuestra ansiedad. No se si enfermaremos de virus. Puede que sí. Puede que no. No se si seremos asintomáticos. Puede que sí. Puede que no. No se si 

moriremos de virus. Puede que sí. Puede que no. ¿Y…? ¿Qué está en juego honestamente en este momento de tu vida? ¿Miedo a enfermar tú o a enfermar a otros? ¿Miedo a morirte tú o a que personas importantes para ti, mueran?… ¿Qué apellido tiene el miedo que te ocupa? ¿Cuánto tamaño tiene ese miedo en ti? 

Si ocupa tanto espacio que te identificas con él, probablemente estás teniendo dos modos de reaccionar: el modo piloto automático y el modo evitación. El miedo elige por ti, andas desconectado de tus valores. Y si eres consciente de ello, estarás intentando evitar esa emoción desagradable a base de querer distraerte con videojuegos, música, o alguna otra alternativa para no pensar; excluyéndote de situaciones de “riesgo”; con alguna estrategia de pensamiento: culpando a otros de la falta de información clara (como si alguien la tuviera), negando que nos sentimos inquietos, con pensamientos demasiado optimistas, quejándonos de nosotros mismos, aplazando para más tarde; o incluso con pastillas o alcohol. 

Yo os propongo otra estrategia ya que la evitación no consigue que el miedo se vaya: 

El miedo sano nos alerta de los riesgos reales y nos prepara para la acción. Nos permite reconocer que nos enfrentamos a un desafío. 

a) ABRETE A LA EXPERIENCIA. 

Se plenamente consciente de tu presente, aquí y ahora. Si tienes miedo dale cabida. A él y a todo lo que pasa además de esa emoción. Os recuerdo un cuento hindú que ilustra bien este punto. “El viejo maestro pidió a su joven discípulo, que estaba muy triste, que se llenase la mano de sal, colocase la sal en un vaso de agua y bebiese. 

– ¿Como sabe? – le preguntó el maestro. 

– Fuerte y desagradable – respondió el joven aprendiz. 

El maestro sonrió y le pidió que se llenase la mano de sal nuevamente. Después, lo condujo silenciosamente hasta un lindo lago, donde pidió al joven que derramase la sal. 

El viejo Sabio le ordenó entonces: 

– Bebe un poco de esta agua. 

Mientras el agua se escurría por la barbilla del joven, el maestro le preguntó: 

– ¿Cómo sabe? 

-Agradable – contestó el joven. 

¿Sientes el sabor a sal? – le preguntó el maestro. 

– No – le respondió el joven. 

El maestro y el discípulo se sentaron y contemplaron el bonito paisaje. 

Después de algunos minutos, el Sabio le dijo al joven: 

– El dolor existe. Pero el dolor depende de donde lo colocamos. 

Cuando sientas dolor en tu alma, debes aumentar el sentido de todo lo que está a tu alrededor”. 

Cuánto más pequeño es el recipiente, tanto mayor es el miedo. Dejemos de ser vaso y abrámonos como lago. 

NAME, como señala Russ Harris en su libro: “Cuestión de confianza. Del miedo a la libertad”, es el acrónimo de: 

a. Notice (advertir). Está presente, no quieras expulsarlo. No luches contra tu miedo, acéptalo. 

b. Acknowledge (reconocer). Dialoga con tu miedo sin engancharte a él. La auténtica confianza no consiste en la ausencia de miedo, sino en una relación distinta con el miedo. Encauza la adrenalina que despierta. 

c. Make space (darle cabida a través de la respiración aunque sea desagradable, puedes tolerarlo). 

d. Expand awareness (expandir conciencia de él y de todo lo demás: sensaciones y todos sus elementos: temperatura, movimiento, más todo lo que hay alrededor). 

b) HAZ PRESENTE EL SENTIDO DE TU VIDA.

Para qué quieres vivir. Yo no tengo miedo a morir. Tengo miedo a no vivir. Hay vidas que merecen la pena ser vividas. Me contaba un paciente su dolor ante la muerte de su madre. Revisando fotos de los últimos meses de ella, me compartía con pesar: “Mi madre ha muerto con coronavirus, no por coronavirus. Ha muerto de pena”. 

c) INTEGRA.

Cuando tomamos decisiones sanas, equilibradas, nuestro cerebro tienen en cuenta tres grupos de información: un grupo de información racional, lógico, que valora los pros y contras y analiza los datos. Un grupo de información emocional que se despierta según la decisión a tomar: ilusión, alegría, tristeza, miedo,… Y un grupo de información moral, ético, asociado a los valores sobre los que sostenemos nuestra existencia. Tres claves a tener en cuenta cuando uno toma una decisión. Si de alguna parte del cerebro no consigues que te llegue la información, espera activamente a recibirla para elegir desde la consciencia plena. A veces, la razón, inhibe las emociones y los valores. A veces la emoción arrasa y no nos deja pensar con claridad e incluso actuamos contra nuestros principios. A veces los valores ciegan, desconectándonos de nuestro sentir y pensar hasta dañarnos. Integrar es conectarse con nuestros valores (brújula, desde donde queremos vivir); nuestras metas (qué queremos alcanzar); nuestras acciones (en lo que se descomponen nuestras metas); con implicación, motivación (emociones+voluntad, lo que nos transporta), superando los obstáculos que se nos pongan por delante. No se trata de ser temerarios. Tampoco de arrepentirnos de no haber vivido. Se trata de ser responsables. De desarrollar la habilidad de responder a este reto que es VIVIR este presente que tenemos delante. 

PREGUNTAS HACIA DENTRO. 

  •  ¿Qué te pasa cuando nadie sabe?
  •  ¿Qué tal te llevas con el miedo, con tu miedo y con el miedo de los demás? Si lo reconoces, dialoga con él. Expande tu conciencia. No eres tu miedo. 
  •  ¿Para qué quieres vivir? Si estuvieras a punto de morir y repasas tu vida, ¿qué te ha merecido la pena haber vivido?
  • Integrando razón, emoción y valores, ¿qué eliges de forma responsable hacer con tu vida en este momento concreto? 

 

 

Alfonso López-Fando

Psicólogo y Psicoterapeuta

 

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