En nuestra última intervención en el programa de radio de Extremadura «El sol sale por el oeste», tras haber hablado previamente sobre cómo despertar nuestro don, decidimos centrarnos en un pilar que hoy en día brilla por su ausencia, pero que es vital para nuestra salud mental: la humildad.
A menudo, la educación y la sociedad nos empujan a la trampa del «siempre más y mejor», haciéndonos creer que nunca es bastante. Esto nos lleva a vivir constantemente por encima de nuestras posibilidades, lo que inevitablemente desemboca en un profundo agotamiento y estrés. En nuestra charla, ilustramos esta situación con una metáfora: imaginad que dentro de cada uno de nosotros hay un jinete muy autoexigente y un caballo que, un día, amanece cansado o enfermo. El jinete, en lugar de escuchar al animal, le obliga a base de espuelas a llegar a la meta. ¿El resultado? Se alcanza el objetivo, pero el caballo llega tan sumamente agotado que no hay energía para celebrar la victoria ni conectar con la alegría. Es un fenómeno que vemos con frecuencia en nuestra consulta con opositores que aprueban o profesionales como docentes que caen enfermos en su primera semana de vacaciones por el burnout o síndrome del trabajador quemado.
Para combatir esta inercia, necesitamos abrazar la humildad. Como decía Santa Teresa, «la humildad es la verdad». Se trata de hacernos una foto real de quiénes somos, colocarnos en nuestro tamaño exacto y reconocer tanto nuestras capacidades como nuestros límites. Ser humilde es un acto de valentía, como decidir rechazar una oferta de trabajo que paga más pero que nos roba nuestra calidad de vida, o, poniéndolo en un ejemplo muy cotidiano que compartimos en antena, es como quitarse esos zapatos de tacón dolorosos en una boda para volver a nuestro tamaño real y abandonar la impostura.
Esta actitud nos aleja de la polaridad del orgullo y el narcisismo. La humildad nos permite gestionar nuestros fracasos sin caer en la desvalorización extrema (entendiendo que un error es un aprendizaje, no el fin del mundo), y nos ayuda a disfrutar de nuestros éxitos en su justa medida, sin creernos intocables o semidioses.
Para que podáis integrar esto en vuestro día a día, en «El sol sale por el oeste» dejamos a los oyentes un par de propuestas o retos que ahora compartimos con vosotros:
- Aprender a pedir ayuda: A veces nos da vergüenza y creemos que ser «buena persona» consiste únicamente en dar. Sin embargo, saber pedir es un acto profundo de humildad porque implica reconocer que somos seres limitados y que no podemos llegar a todo.
- Hacerse «una foto desde Plutón»: Si tenéis un día increíble, lográis un gran éxito y notáis que vuestro ego se infla demasiado, haced el ejercicio mental de tomar mucha distancia. Imaginaos haciéndoos una foto desde Plutón para tomar perspectiva de lo pequeñitos que somos y el verdadero espacio que ocupan nuestros logros en el universo.
Si quieres descubrir más sobre este camino de autoconocimiento y transformación, aquí tienes nuestros talleres de Eneagrama para empezar a vivirlo.

